Esperanza en la ciudad
ESPERANZA: fe o confianza en que ocurra o se logre algo que se desea.
Una vez que consulté la definición de la palabra esperanza en el diccionario terminé de entender por qué a nuestra insigne capital se le otorgó al mote de Ciudad de la Esperanza por parte de nuestro entonces Jefe de Gobierno, el señor López.
Aquí, en la ex Ciudad de los Palacios, eso es todo lo que pudimos hacer: esperar. Esperar a que llegara agua a Iztapalapa; esperar a que los narcomenudistas dejaran de vender drogas a plena luz del día; esperar a que se eliminara a los taxis piratas; esperar a que salir a la calle no fuera un peligro de muerte; esperar a bajar del segundo piso del periférico tras dos horas de estancia; esperar a que arreglen algún día la parte de abajo; esperar a que saquen a los ambulantes del centro histórico…., esperar, eso hicimos durante más de cinco años, y no pudimos hacer nada más. Por eso tenemos esperanza.
Y ahora quedamos en las manos del hijo predilecto de AMLO, Marcelo Ebrard, y en verdad espero que en esta ciudad termine la esperanza y de lugar a la acción. Ya no podemos ni queremos esperar.
Y para sorpresa de muchos diré lo siguiente: le tengo confianza a Marcelo, creo en Marcelo, se que él puede hacer las cosas. Tuve la oportunidad de conocer al señor Ebrard en su campaña del año 2000, cuando era candidato a la jefatura de gobierno del DF por parte del PCD, el efímero partido de Camacho Solís. En ese entonces, el que escribe conducía un programa de radio y tuve la oportunidad de entrevistarlo.
A diferencia de su patrón AMLO, quien tardó 14 años en hacer una carrera mediocre, Ebrard es egresado del Colegio de México, de donde no cualquiera sale victorioso. En lo que pude conocer a Marcelo, me quedó claro que no es izquierda ni de derecha; es un hombre pragmático con muy buenas ideas para la ciudad, y mientras sus ideas sirvan las lleva a cabo, son colores ni dogmas.
Es tan inteligente que supo renunciar a una candidatura que era imposible ganar, a favor de AMLO, a cambio desde luego, de un puesto y una futura candidatura. Hoy es Jefe de Gobierno electo y un potencial presidenciable para el 2012. Eso es saber ver a largo plazo.
El problema de Marcelo es que para lograr todo esto tuvo que rodearse de las mafias del PRD y de los grupos de poder de don AMLO. Mi esperanza para la ciudad de la esperanza que es que Ebrard sepa separarse de esos hampones que conforman ese sector del PRD que lamentablemente hoy maneja el partido.
Me consta que Marcelo tiene buenos e inteligentes proyectos para los problemas de agua, ecología, finanzas y turismo para nuestra capital. Ojalá no se contagie del dogmatismo absurdo y recalcitrante de su partido, que ni siquiera es su partido. Ojalá que no lo ciegue su posible aspiración presidencial y se dedique más a la politiquería que a los ciudadanos que tenemos que tener “esperanza” en él.
Totalmente palacio
A pesar de lo bueno dicho en su favor, no puedo evitar una crítica profunda. El señor se va a casar, felicidades; y como todo novio tiene una mesa de regalos, en esta ocasión, en el Palacio de Hierro. Sólo por decir algo, he aquí algunos de los regalos que pide y que ya le compraron:
Un cuchillo (uno solo) de $ 825.
Un juego de batidora de $ 7,500
Un termo de $ 8,820
Una champañera de $ 8,820
Una vinagrera de $ 7,560
Una hielera de $ 7,020
Una charola de $ 12,060
Una cafetera de $ 35,400
Un juego de cubiertos de $71,000
Una vajilla de más de $100,000.
Una lista de regalos con toda la humildad de una izquierda austera. Hay quien dice que eso es su vida privada y no tiene nada que ver; pero qué pasa con la congruencia. Hablamos del hombre que hizo campaña durmiendo en las viviendas más pobres de la ciudad, comiendo con ellos, sintiendo como ellos y prometiendo luchar por ellos.
Él y su partido han hablado mal de los “pirruris”, de los privilegiados, de los ricos. Me pregunto ¿quién si no un pirruris, un privilegiado o un rico puede comprar estos regalos? Es obvio quien: los políticos perredistas que están invitados.
Y al puro estilo de la boda de la hija de Don Corleone, ya imagino la escena; del tamaño de tu regalo es el tamaño de tu lealtad y por tanto el tamaño de tu hueso. Ahí está el hombre austero haciendo una boda más cara que la de la hija del presidente Fox.
Ahí está el primero los pobres, la austeridad republicana, la izquierda de nuestro país. Saben qué; ya me convenció, ya soy de izquierda, quiero que todos seamos iguales y que todos tengamos una boda y una mesa de regalo como la de Marcelo.
Alguien puede regalarle un letrero de recien casados y un cordón con latas para que lo amarre a la defensa trasera de su austero BMW.
Felicidades Marcelo. Que bueno que hiciste tu boda antes de ser Jefe de Gobierno, cuando por ley no podrías recibir esos humildes regalos de parte de la clase política.
jmzunzu@yahoo.com.mx
© 2006 Copyright Juan Miguel Zunzunegui