¿Centro Histórico recuperado?

Se me ocurrió ir al centro, si al famoso Centro Histórico. De enorme belleza arquitectónica, de inmesa historia, de grandes palacios, de un sin número de lugares curiosos. Pero, conforme caminaba por sus calles y me adentraba en su corazón, una enorme impotencia me atrapó, me di cuenta que el Gobierno del Distrito Federal sigue mintiéndole a todos sus habitantes. Es una mentira evidente decir que “se ha recuperado”, al menos no en su totalidad. Lugares aledaños a Pino Suárez, a espaldas de Palacio Nacional, el Eje Lázaro Cárdenas, entre otros están son espacios donde el Programa de Recuperación no es tangible. La cotidianidad nos ha hecho ciegos de un espacio sumergido en la impunidad.

El paisaje está lleno de ambulantaje, miseria en las esquinas, basura, corrupción, abusos, extorsión, actividades ilícitas y violencia.

La red de ambulantes está tan bien organizada que las autoridades que supuestamente tratan de erradicar esta actividad son superados en número, en organización y en tecnología. Av. Juárez la principal entrada al Centro Histótico está llena de mercancías piratas, robadas y de baja calidad. Se pueden encontrar sobre las banquetas libros, dvds, cds, cosméticos, lentes, perfumes, televisores, electrodomésticos,etc. Uno puede darse cuenta que entre los vendedores la necesidad no es la causa principal para ejercer este tipo de comercio. Ellos utilizan las banquetas que son destinadas para caminar, ahora los transeúntes debemos usar el arroyo vehicular, torear puestos y pedir permiso para poder pasar sin dañar sus mercancias. Si por error tropiezas con uno de sus puestos y de ellos cae cualquier producto, te exigen su pago o más de tres te amenazan. Es una verdadera mafia que ha aumentado durante el gobierno perredista de López Obrador y el Sr. Encinas tampoco ha podido controlarlo. Un ambulante comete muchos delitos, entre ellos: impedir el libre tránsito de los ciudadados por las calles, vender productos robados o piratas, no pagar impuestos por uso de suelo, por concepto de IVA; no dar seguridad social a sus empleados, robarse la luz,… este tema da para más.

Pero no es la única mafia que opera en sus calles, existe otra: la explotación. Si como se lee. La explotación es uno de esos tantos males generados por la ignorancia. En las esquinas vemos ancianos, discapacitados, familias indígenas completas y niños pidiendo limosna, tocando instrumentos. La miseria denigra a los seres humanos al grado de pedir limosna, pero más denigrante es cuando piden limosna bajo las órdenes de otros. Porque cuando las calles se quedan solas, estas personas son explotadas por individuos que los recogen en camiones de carga. Tratar de imaginar a donde los llevan y en que condiciones viven es escalofriante. ¿Por que nosotros si nos damos cuenta de ésto y las autoridades no?

La basura es un factor determinante en un espacio tanto abierto como cerrado. Las esquinas son un verdadero basurero, donde los ambulantes principalmente agolpan cajas, bolsas, comida, etc. y los demás ambulantes por comodidad e ignorancia prefieren aventar su basura, que buscar un bote en donde tirarla. Pero tenemos otro problema, los botes de basura son insuficientes y no existen con divisiones de orgánica e inorgánica.

Y con ejemplos como estos, hojas y hojas de texto se podrían llenar. El Gobierno del Distrito Federal más que hacer eventos masivos en el Zócalo de manera gratuita, debería garantizar que el Centro Histórico “se ha recuperado”.


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